abril 19, 2024

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Crítica Aquella música tan estupenda de Santiago Iglesias de Paúl

El libro de Santiago Iglesias de Paúl llena de pistas musicales un relato costumbrista sobre un amante de la combinación de sonidos en el tiempo

FICHA
Título: Aquella música tan estupenda
Autoras: Santiago Iglesias de Paúl
Editorial: Navegantes oceánicos
Número de páginas: 322 páginas
Características: 14×21,6 cm rústica
Lanzamiento: 6 de noviembre de 2023
Precio recomendado: 20 euros (aprox.)
ISBN: 978-84-12563-9-86

Hoy toca hablar de Aquella música tan estupenda, la más reciente novela de Santiago Iglesias de Paúl, una novela de pop y rock.

El libro, que ha editado y publicado Navegantes Oceánicos merece ser recibido con un aplauso moderado pero sincero, al menos con un gesto de reconocimiento a su esfuerzo por pintarnos un cuadro donde las emociones suenan a notas llenas de añoranza y alegría juvenil. 

La novela, que subvencionará la Fundación SGAE, y que está moviendo con brío su autor -a nuestra redacción llegó junto a su LP Buscando gente, publicado en 2019, que incorpora trece temas que van apareciendo en la trama del relato-, y hace no mucho llevó a cabo una presentación en sociedad del texto.

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155 QRs

Y es que, una de las singularidades del libro que protagoniza Jose es que intercala en la frase hermenéutica hasta 155 canciones. No a través de citas, sino con códigos QR. 155. Algo que, por ejemplo, hacen también otras editoriales, aunque de una forma unitaria, al final del texto. 

La aportación de esas referencias es interesante aunque, en algunos casos, pueden ser motivo de distracción, y ya se sabe cómo estamos los humanos últimamente con los dispositivos electrónicos. Todos.

La pátina translúcida del autor

Aquella música tan estupenda ofrece -así me parece al menos a mí- muchas reflexiones particulares del autor. No hablaremos de política, viene a decirnos el prota, pero en toda trama sale a colación su visión vital. Loable y absolutamente respetable, pero escorada, aunque afirma no ser muy de extremos. 

Como muestra un botón, en esa referencia a Adolfo Suárez, al que, dice el protagonista -en un tramo del libro- que criticaban desde la derecha. También se le atenazó hasta la extenuación desde la izquierda, en particular cuando asumió la Dirección General de TVE en 1969 -un cargo en el que estuvo varios años que, por cierto, no debe ser nada pero que nada sencillo ejercer- o porque, según se decía por aquel entonces, aparecía para ese espectro de pensamiento como el ungido del Franquismo.

Portada y contraportada del libro

Suárez es paisano y conocemos a la perfección su historia. Somos muchos los que le admiramos porque tuvo los arrestos, por ejemplo, de legalizar el PCE. 

De hecho, un servidor estuvo en su entierro, en la Catedral Ávila, en aquel mes de marzo de 2014, cubriendo ese histórico hecho, su muerte, para el periódico en el que trabajaba.

Un mar de recuerdos

Iglesias de Paúl nos regala, en fin, una obra que, si bien no pasará a la historia de la Literatura universal -lo digo con todo el respeto-, agita con solvencia el avispero y se asoma al corazón del lector español de una cierta edad. Ese es su target, que dirían los modernos.

El relato nos sumerge en un mar de recuerdos, vivencias de esas que cada uno guarda con cariño, arrancándonos alguna que otra sonrisa al rescatar las melodías de nuestros propios pasados. De los de quienes nos rodean, o nos rodearon. Al final, lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años.

De hecho, el autor se convierte en el director de una orquesta de memorias con una batuta que, si bien a veces titubea, logra encontrar el camino -el ritmo más bien- para mantenernos enganchados a la partitura

Saltos cuánticos

Sí hay que decir que hay saltos cuánticos algo forzados, inesperados -al menos para mí-, más allá de esos dos supuestos marcos temporales que afrontan el presente y el pasado.

Sin duda, su prosa es accesible, tejida con palabras que danzan ágilmente de una página a otra. Aquella música estupenda resulta la clase de libro que uno puede devorar en pocos días, pero que, si te llegan al corazón, guardarás en un privilegiado lugar del hogar, en tu biblioteca o con ese montón de libros que abarrota tu mesilla.

Identificación con los personajes

El estilo de Iglesias de Paúl me ha gustado en ese punto concreto (y no siempre sencillo), que no es otro que el de moldear personajes que, si bien demandarían un mayor detalle en algunos momentos, resuenan por su autenticidad. 

Hablo de esos seres de papel que palpitan, viven y respiran, invitando al lector a ver en ellos a viejos amigos o amores olvidados.

A uno mismo. 

Y aunque el lienzo sobre el que se mueven podría beneficiarse de unas cuantas pinceladas adicionales para completar la escena, los trazos que quedan bosquejan un entorno suficientemente reconocible para sentirnos parte de la obra.

Con temas que van desde las amistades que desafían el paso del tiempo hasta los romances (ojo a los giros de guión expuestos) que persisten como una melodía pegajosa, el autor acierta en componer una sinfonía de experiencias que hace vibrar nuestras propias cuerdas sentimentales

Ritmos intemporales

Aquella música tan estupenda encuentra su fortaleza en estos momentos compartidos, en las pequeñas historias que nos recuerdan que, a pesar de los cambios, hay ritmos que siempre nos acompañan. En ese momento en el que el protagonista coge la guitarra y se pone a cantar en mitad de una noche, con unos desconocidos, en la gaditana San Fernando.

Portada y contraportada del libro
Recreación de la escena del joven Jose -aunque vestido de militar y con la tal Macarena hasta en la sopa-

En resumen, la obra de Santiago Iglesias de Paúl -me temo que otro melómano empedernido (¡cada vez somos más, también en Music and Rock!)- se levanta como un altar a las ilusiones, pasiones y desencantos, y, sobre todo, una ovación a esa música que, incluso cuando el mundo parece girar en silencio, nos sigue hablando. 

La novela presenta la vida en todas sus gamas, desde las sombras más opacas hasta los brillos más luminosos, y lo hace con honestidad y ternura. Una melodía bienintencionada y que encuentran confort en la familiaridad de una canción conocida, aun cuando esta no pretenda revolucionar el mundo de la música.

Se trata, en definitiva, de una invitación a recordar y a sentir. Y aunque la partitura no sea perfecta, cada página de este libro es un compás que merece ser escuchado. Una melodía sincera con acordes rebosantes de humanidad.  

Sobre el autor

Santiago Iglesias de Paúl
Santiago Iglesias. Imágen extraída de la web de la editorial

Santiago Iglesias de Paúl (Cádiz, 1961) es marino, especialista en Hidrografía, escritor y experto profesor de navegación; además también canta y compone. Prueba de ello la tienes en Spotify con su disco Buscando gente.

Hasta la fecha ha publicado siete novelas y es compañero bloguero.

Está casado con Ana con quien vive en San Sebastián de los Reyes, en Madrid.

Iglesias de Paúl, ya jubilado, imparte talleres de literatura para personas mayores y colabora con Cruz Roja. Según apunta: «Mi mejor novela, aparte de la que tienes en tus manos, está todavía por escribir y mi mejor canción está por componer».

Lo mejor

El autor se detiene en gestos, en escenas costumbristas con las que todos nos podemos sentir identificados. Además, tiene la sagacidad de detenerse en lugares que conoce. El guiño a lo próximo es constante en este libro, que merece una lectura, y que además se complementa con los QR que aporta el escritor. No debe resultar sencillo enlazar todas las canciones -más de 150- seleccionadas por Santiago.

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Lo peor

Puedes leer la reseña completa, ahí están detallados esos puntos que a quien esto firma desentonaron. Aunque he de decir que el músico es Santiago, yo soy un mero observador, y un amante como él de las siete notas. Sin más. Seguramente el tino mayor sea suyo.

Nota

5,5/10

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