marzo 1, 2024

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The Last Dinner Party – Prelude to Ecstasy | Crítica

La cena está servida, y aviso que esto acaba en festival. Es el banquete clásico renacentista de hoy, donde las flores secas, las paredes tapizadas y la moqueta verde ocre visten el debut de The Last Dinner Party, un quinteto femenino de Londres unido por la música y la literatura. Estudiaron en King’s College (allí se conocieron algunas de ellas) y de esa amistad ha acabado surgiendo “Prelude to Ecstasy“, un álbum de porcelana que se apareja en esencia a la obra literaria Orlando (1928) de Virgina Woolf. Se define como una fantasía libre, en parte por tocar tabúes como la sexualidad femenina o el papel de la mujer dentro de la sociedad, en parte por crear paisajes sonoros que trastocan cualquier línea temporal. TLDP lleva corsé sin encorsetarse. Viste de la época, pero la cuestión es que vale cualquier época.

Esto es sin duda una obra creativa, que además brilla por talento. Abigail, cantante principal de la formación, desnuda su voz como a un ángel que vuela alto y de forma sostenida, como una Olsen, y no lo digo porque se llame Angel. Es que qué control. Qué chorro. Arriba, abajo, o en segundo plano, con ella bendice la mesa de estos 12 apóstoles temas para que no cesen los brindis durante la cena; la copa de éxtasis acaba vacía, pero nadie se queda con sed, que ya es eso. Sobre sus manteles rococó se sirve abundancia de géneros, y quizá la mayor sorpresa/virtud del disco sea que no puedes oler cómo los servirán.

En el cómo hay mucho (o casi todo). El álbum no tiene un concepto detrás, pero sí mucho tiempo de composición. Son meses, años traducidos en música que el quinteto ha ordenado en pos de una escucha que sólo se entiende del tirón. Porque la obra tiene su preludio (vale la redundancia), interludios y, en definitiva, una estructura que se desarrolla casi por actos, como en el teatro. La euforia que invocan llega in crescendo y es de extremos. Exagerada. Y lo que nos lleva de la mano aquí es ese hilo clásico, que tanto puede ir desde unas notas orquestales encajables en Age of Empires (‘Prelude To Ecstasy‘), los cantos corales (‘Gjuha‘), la ópera rock que se mira en Queen (‘Sinner‘), hasta las propias alusiones literarias que salen al escenario letrístico (“Daddy” de Sylvia Plath en ‘On Your Side‘, por citar una).

Las cotas de éxtasis se alcanzan rápido, y no es tan fácil. Que su pop sea maximalista no es garantía de catarsis, pero si algo tiene esta banda, más allá de calidad e ingenio, es una profundidad asombrosa. No son microuniversos con sabor vintage lo que construyen, hablamos de obra original. Así que si os imagináis a Abigail, Emily, Lizzie, Aurora y Georgia vestidas de doncellas, que sepáis que pisan las alfombras impolutas con botas de calle. Valga esta reseña como preludio para que la sucesiva escucha traiga la euforia.



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