Good News, con emoji smiling incluido. Sin leer más, se puede deducir que esto irá de buena música, y es que el spoiler iba con primeras (y segundas). Desde aquí ya sonreímos con un mustacho de espuma porque Alavedra es paradójicamente como un café d’esmorzar de forquilla. Un grupo que dice tener tantas personalidades como suplementos funcionales, sabiendo que en el fondo su marca lleva azúcar, gluten, cafeína, lactosa, mala leche, y todo lo que queráis. Engañan. Porque “Feliz a la fuerza” (The Yellow Gate Records, 2024), segundo disco del cuarteto catalán, sabe fuerte. Es una consecuencia de todo esto que hablamos, como una antesala de dentista convertida en celebración de Copa de Europa culé. Todo por una buena sonrisa. Que la música te suba el guapo (es una forma de decir que te divierta o haga feliz) es un objetivo cumplido en toda regla. En este sentido, el concepto del álbum es invertible: fuerza a la felicidad, siempre.
Tiene mucho mérito lucir encías en una ciudad donde la industria musical es un muchos sentidos paupérrima, pero todavía quedan valientes que, además, van con una propuesta musical asalvajada, que se desmarca de todo. Alavedra era, y sigue siendo con este nuevo álbum, pura efervescencia pop, una pastilla en constante reacción. Nadie ha hablado de Drogas, que conste que eso lo hacía Bearoid. La gracia es lo único que se quedan de las desgracias que Dani, Genís, Ret y Xiri van viviendo en sus pellejos. Ese es el estimulante de estos nueve coloridos pelotazos, armónicos y abigarrados, que individual y colectivamente destacan sobre “Uf Venga” de diferentes formas, especialmente por una producción en la que Paco Loco ha metido mano.
Uno intenta hacer los deberes y distinguir quién canta en cada tema, pero se acepta el suspenso. Habla bien de ese combinado pop que se cascan, donde cantan los cuatro, enmascarándose en diferentes registros para proyectar un grupo de músicos de apellido común. La libertad creativa define (nuevamente) a una banda que pasa de 0 a 100 en la apertura del disco con Diosssito, a lo Tórrido Romance. Que encuentra en Hammond júnior la excusa perfecta para echar sacarina al tema en forma de guitarra. Que suena a indie 2000 más que nunca en ‘No me devuelvas la palabra‘ (20 años atrás entraba en el Fifa). O que, entre dudas y ‘No sé‘, sacan a relucir una carita tan soft que en directo se podría imaginar balada. Tampoco escucharás una descripción tan literal y amarga de una ‘Barcelona‘ que desespera. Pero ellos tienen el focus coffee boost para afrontar el mal que quieras: ponerse la careta y ser feliz a la fuerza.
25 minutos de álbum es poco pero suficiente, el corto de café bien tirado de la Rovira. Alavedra son las máquinas demoledoras, con la música van al grano, y esta vez echan la taza por encima a quien tienen que echársela, como de costumbre. Da para varias rondas y sonrisas, porque “Feliz a la Fuerza” es irónicamente lo más vivo que sale de una ciudad postiza. El coste de esta lectura son 2 pavos, aunque puedes canjearla con los puntos de tu good card. Sonríe, que estás de suerte.
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