junio 25, 2026

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Crónica del concierto de Calamaro en Valladolid Agenda 1999 2024

El tour Agenda 1999 se detiene en el Auditorio Miguel Delibes con un público entregado y un cantante que demuestra su buena forma y confiesa que ya no tiene vanidad

Te traemos hoy la crónica más amplia del concierto de Andrés Calamaro, en Valladolid, el 9 de junio de 2024.

He de decirte que hace hoy justo un año estaba viendo en el Metropolitano, en Madrid, a Guns N’ Roses, en un concierto en el que Axl, Slash y compañía se encargaron de dejar claro que los viejos rockeros nunca mueren.

Un año después, recién llegado del show que esta noche ha brindado Andrés Calamaro y su banda en el Auditorio Miguel Delibes de Valladolid, vuelve a mi cabeza aquel pensamiento peregrino, la frase hecha que no pocas veces va aderezada por esa otra muletilla del sex, drugs and rock and roll. Otros tiempos.

Clica en la imagen para ver el videoclip con la actuación

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Maestro de ceremonias

El concierto que nos ha reunido en Valladolid forma parte de una gira con una veintena de paradas en los principales municipios de nuestro país. Ya ha pasado por Burgos y Gijón.

Busca, por cierto, recuperar, 25 años después uno de los principales discos que se han publicado en castellano, el que lanzó Calamaro en 1999, Honestidad Brutal, y del que en su día hablamos largo y tendido en este blog. 

El álbum merece un monumento. No es una frase hecha. Y lo tiene aquí. Ahora. En este 2024.

Que se haya preparado un tour que desgrana casi la mitad de aquel mastodóntico trabajo -hay que recordar que contenía 37 canciones, un número que casaba con la edad del cantante en aquel momento-, demuestra lo que muchos supusimos en aquellas primeras escuchas, en aquel concierto en La Alamedilla de Salamanca. 

Estábamos ante una joya musical que, además, ha mejorado con el tiempo. Poesía sonora.

Andrés -no te enamores por primera vez- no falla a su cita con el reloj.

Son las 20,33, tres minutos de retraso, los mismos que derrochó en Gijón, según apuntaba Antonio Lucas en su soberbio reportaje sobre el genio bonaerense en El Mundo

Calamaro sale cuando quiere, dice lo que le apetece y ya está de vuelta de tode. De todu.

Tiene 62 tacos y, como se encarga de decir, tiene lo bueno y lo malo de ser ciudadano argentino y español a la par: puede votar aquí y allí, pero también paga impuestos a éste y el otro lado del charco.

No va más…

No va más casi cerraba aquel disco con ilustración roja y negra, que es la que da forma a las camisetas de merchandising que uno puede encontrar en la puerta, por cierto, a mitad del precio del que exigían los australianos AC/DC en Sevilla hace una semana. 25 euros que uno se plantea pagar. Lo otro, no. 

El espectáculo arranca sin florituras.

Ni un cartel, ni adornos.

Seis músicos entregados, para hacer del concierto redondo, como si de una sesión de estudio se tratara.

Con un manejo de la situación muy destacable y un inicio que nos lleva a casi siete minutos de arranque, con un sonido apegado a la americana y tres guitarras -incluida la del vocalista- conviviendo con un bajo, un piano y una batería

En la cabina acompañan al comandante Calamaro Julian Kenevsky y Brian Figueroa a las guitarras; Mariano Domínguez, con un bajo que retumba por momentos; German Wiedemer, al piano -no falla ni una, me dice mi hijo, acompañante sufrido en esta ocasión, músico en formación-; y Andrés Litwin, dándole a la batería.

Al lío

De manera que, tras ese inicio con un sonido que se va ajustando, pero que desde arriba se controla con solvencia, al igual que los juegos de luces, da paso a ¿Para qué?, que posteriormente dar paso a uno de los primeros momentos cumbre del espectáculo, el que brinda Cuando te conocí, momento que aprovechan los menos tímidos para levantarse de sus asientos.

Hay un trío familiar en uno de los laterales que desde el principio está viviendo el concierto como si estuviera en la pista del Bernabéu, saltando y coreando todos los temas.

Hablando del templo blanco, Andrés Calamaro tiene la cortesía de felicitar a su paisano Duki, un (t)rapero ultratatuado de Argentina que llena durante dos días aquel coliseo.

Nosotros preferimos este otro coliseo. Y los tatuajes de Andrés.

Una bomba cae

Después del primer chute de adrenalina, tiene hueco en escena Una bomba. A ver, no es textual, no teman.

También hay espacio para Las heridas, y respiramos. Pero no mucho.

Calamaro demuestra en los minutos de show que llevamos que se cuida, que tiene una voz prodigiosa a los años que calza, y que los excesos parecen haber quedado atrás. No el cansancio, que aterriza como Los aviones, que sonarán más tarde.

Pero ahora suena, en mitad de un bocadillo sabrosísimo llamado Kashmir de Led Zeppelin El Día de la mujer mundial. Chapeu.

El karateka Calamaro

Estamos a un paso de superar ese día en que ya uno se puede quitar el sayo libremente. Calamaro lo sabe, pero en lugar de eso, se calza una cinta al pelo y sobre ella se pone una gorra gris. No suenan Eclipsado, ni Son las nueve, que sí sonaron en Gijón. Una pena, como que tampoco suene Negrita, otra de mis preferidas.

Clonazepan y Circo también suena a las mil maravillas, con esa personalización que hace de cada canción ese 2.5 que está llevando a escenarios de media España. El solo de Figueroa, de quitarse el sombrero.

Los aviones y All you need is pop son las siguientes. También la crítica que no esconde Calamaro a Bosé y Djokovic por sus historias antivacunas. Ya somos todos mayorcitos.

El público, por cierto, diría que en su inmensa mayoría de 40 para arriba.

La crónica más completa sobre el concierto de Calamaro en Valladolid en su gira Agenda 1999. Celebrado el 9 de junio de 2024.

Te quiero igual pone a la tribuna en pie, aunque hay gente reacia a levantarse. Yo he pagado para estar sentado. Sepa usted que no es lo habitual, aunque haya opción de situar el culo en el banco.

No hay artificios a estas alturas de la película, y antes de que alguien se lo plantee por su cuenta, Calamaro pone en escena Voy a dormir. Buen ambiente, sonido muy logrado. Solo de batería muy solvente.

La metáfora más que poliamorosa

Nos dirigimos hacia el final del concierto, suena la canción de las gemelas Victoria y Soledad, que surgió en Mar del Plata, anécdota metafórica más que poliamorosa, aludiendo al origen de la misma y a los autores y letristas Homero y Virgilio Expósito, que ponen a las claras qué leían sus padres. Carcajada general. 26 años desde que se ideó esta canción, y no la había estrenado todavía. Prescribió, prosigue el artista.

El mil gracias, Pucela, tampoco falta.

Como tampoco falta su palito a la prensa, porque aprendió del mejor amigo de su padre que las entrevistas, siempre por escrito (así no te cambian nada).

De manera que ya nos brinda allí declaraciones off the record: La música es algo íntimo, y yo ya no tengo vanidad. No quiero revelar mi algoritmo musical.

Calamaro empezaba a dar guerra por teatros y estadios de toda España hace 33 años, en tiempos de Los Rodriguez, y aún tiene tiempo para interpretar Tuyo Siempre, Flaca -de su Alta Suciedad, la más cantada, claro-, Paloma– y para hacer una reentré final con Crímenes perfectos y Días distintos.

Porque es argentino y de 62, que si no diría que es alemán por su fiabilidad y solvencia, y del 90, como el casi retirado Toni Kross.

Nota

8,4/10

Fotografías: Pablo Sánchez López

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