El festival madrileño ofrece su mejor versión gracias a una efectiva organización y un sonido soberbio abanderado por Pearl Jam, Dua Lipa, Garbage o The Smashing Pumpkins, entre otros
Hoy toca hablar del Madcool 2024.
Pearl Jam, Dua Lipa, Garbage, The Smashing Pumpkins, Keane… El cartel era de aupa.
La enumeración corresponde a bandas que, de por sí, uno -al menos yo- iría a ver de forma unitaria.
Con ganas y esperando buenos recitales.
Pues bien, el Madcool se ha doctorado.
El Madcool 2024 ha sido un éxito, pese a que siempre se puede mejorar. Obvio.
Contenidos de esta entrada
Lo bueno también se cuenta
El festival, que de unos años a esta parte sólo ha hecho que llevarse palos y más palos -en muchas ocasiones con razón, pese a lo complicado de su organización y a las no pocas trabas que ha tenido en su recorrido-, por fin pasa de pantalla, en una edición en la que un servidor sólo ha podido vivir a la mitad.
Por aquello de que aún no tenemos acreditación, y de que hay otras cosas que hacer. No va a ser todo ver conciertos. ¡Ojalá!
De manera, que al turrón:
En esta crónica vamos a hacerte un repaso de lo vivido durante dos primeros días en el Madcool 2024, que ha contado con un cartel soberbio este año y que ha logrado corregir algunos de los graves y fatales problemas que ha tenido desde que arrancó. Si bien esto, como todo, se verá según qué opticas.

Primera jornada. Miércoles, 10 de julio de 2024
El cartel prometía y, sin duda, cumplió con creces las expectativas, pero se desaprovecharon tiempos -o así me parece a mí-.
Programación muy junta
El programa que llevamos era ver a Tom Odell, James Arthur, Janelle Monae… Pues poco pudimos ver de la última.
Tal vez el festival tendría que haber retrasado un poco esas actuaciones, aunque seguramente no pensarán lo mismo los vecinos de la zona.
Entre los nombres más destacados del primer día, pese a que los citados tienen buen cartel, sin duda estaban Garbage, Dua Lipa y The Smashing Pumpkins.
Ellos sí lograron capturar la esencia del festival con su energía y talento inigualable, pese a que en el caso de los primeros y los últimos, aludieran en más de una ocasión a que cuando ellos partían la pana realmente era hace treinta años.
Verdades como puños.
Garbage: La esencia de los 90 en pleno 2024
La banda liderada por la incombustible Shirley Manson, demostró que sigue siendo una de las formaciones más icónicas de la década de los 90, pero sobre todo, para quienes no la habíamos visto sobre el escenario, que tiene un directo muy meritorio.
Desde el momento en que subieron a las tablas del “Region of Madrid”, se percibió una conexión inmediata con el público. Su setlist fue una mezcla perfecta de nostalgia y temas posteriores a su gran éxito -en la segunda mitad de aquella década-, con clásicos como Stupid Girl, Only Happy When It Rains o una colosal interpretación de Push it con la que cerraron el set, que hizo vibrar a los asistentes.
Incluso a nuestro amigo Groot.
La voz de Manson, potente y muy entera, sigue siendo el pilar central del sonido de Garbage, acompañada por las guitarras distorsionadas de Steve Marker y Duke Erikson, y la batería precisa de Butch Vig. Que sí, que es el productor del Nevermind de Nirvana, ya lo hemos contado…
Notable alto o sobresaliente. Reactivado recuerdo noventero a todo trapo.
Dua Lipa: La reina del pop moderno
El momento culminante de la noche llegó con la actuación de Dua Lipa. La artista británica -de origen albanokosovar- ha consolidado su estatus como una de las estrellas más brillantes del pop actual. Lo ha hecho porque ha tenido alrededor buenos consejeros, pero sobretodo lo ha hecho porque se lo curra como pocas.
Voz inconfundible, estilo actual y fuerza eterna en el mismo pack.
Y su presentación en el Madcool 2024 fue una muestra de por qué se encuentra en la cima de la industria musical.
En la cresta absoluta de la ola. Ocupa el puesto 11 entre los más escuchados de Spotify en el momento en que escribo esto.
Con un espectáculo cargado de producción visual y coreografías impactantes, con la joven contoneándose como yo no podría hacer en tres vidas, Dua Lipa ofreció un show que fue tanto un festín auditivo como visual.
Como dicen las crónicas, nos puso a todos a bailar.
Cierto.
Canciones como Don’t Start Now, Levitating y Physical -de su colosal Future Nostalgia– junto a clásicos como su New rules o algunos extractos de su Radical Optimism, como el coreado Houdini, dieron sentido a una pista de baile al aire libre que puso en valor su figura.
Algo que se vio reforzado por ese momento spanish, en el que Dua Lipa nos brindó unas palabras en un perfecto español.
Y en las que dijo un “te quiero”, que yo me quedo para mí, jeje.
Hay que recordar que una canción de ese último LP se titula Illusion. Pues eso.
Su voz, impecable y poderosa, resonó con fuerza en el recinto, y su carisma sobre el escenario es innegable.
Dua Lipa no solo cantó, sino que también interactuó con el público, agradeciendo su apoyo y haciendo de su actuación una experiencia cercana y memorable.
Suena Houdini y el público enloquece. Hasta las gafas Meller de mi colega Roberto se ponen a bailar.
The Smashing Pumpkins: Una lección de rock alternativo
Cerrando la noche, The Smashing Pumpkins subieron al escenario para demostrar por qué son considerados una de las bandas más influyentes del rock alternativo mundial.
Y también por qué fueron el grupo llamado a liderar el rock de la segunda mitad de los 90, pero se quedaron en mucho menos de lo que pudieron ser.
Liderados por el enigmático Billy Corgan -no confundir con Billy Jean-, vestido con una sotana negra con botones y alzacuellos rosas, supongo que para obviar su sobrepeso, el grupo ofreció un recorrido por su vasta discografía, desde los épicos riffs de Cherub Rock hasta la melancolía de 1979, ambas interpretadas en el tramo final del show.
El dúo compuesto por Corgan y el guitarrista James Iha tuvo diferentes charlas, que denotaban sobre todo buen rollo, y que el respetable contemplaba con cierta hilaridad.
Lo cierto es que el concierto fue mejor de lo que al menos yo esperaba, pese a algún fallo interpretativo del líder.
Singular líder.
O aquel solo de batería que sonaba a cartón piedra, a cargo del particular Jimmy Chamberlin.
Los tres, artistas en el momento crucial de la banda.
Pero si subes al escenario con mimbres haces una cesta. ¿O no?
La intensidad de la banda fue palpable, marcada por una atmósfera oscura creada por Corgan, ofreciendo un sonido robusto y complejo que mantuvo al público activo, al son de los guitarrazos de Kiki Wong y los back vocals de Katie Cole.
Los visuales psicodélicos y la iluminación dramática añadieron una capa extra de profundidad a la actuación.

Segunda jornada. Jueves, 11 de julio de 2024
La segunda jornada, tras un pletórico primer día, caluroso como pocos, estuvo marcada por el viento. Volvió a ser un despliegue de talento, pero volvió a pasar lo mismo.
Es cierto que en los festivales hay que elegir: piedra, papel o tijera.
Apostamos por Russian Red y, aparte de tener que esperar más de la cuenta, no fue una actuación para recordar. Todo lo contrario, más bien.
Con un cartel encabezado por Keane y Pearl Jam, el día preveía otras actuaciones, como la de Michael Kiwanuka y Mando Diao, que en este caso no pudimos ver.
Pero… vayamos al lío.
Pearl Jam: la leyenda del rock cabalga de nuevo
La noche alcanzó su punto álgido con la actuación de Pearl Jam. Probablemente el mayor reclamo rock del festival madrileño.
Los titanes del grunge, liderados por el carismático Eddie Vedder, entregaron una presentación que fue tan intensa como introspectiva.
Como mandan los cánones, en su caso, diferente noche tras noche. Lo que no deja de tener un mérito antológico.
La banda, conocida por su capacidad de crear momentos épicos en vivo, no defraudó, llevando al público en un viaje a través de su vasta discografía, aunque obviando ciertas tomas, como su penúltimo disco Gigaton, Riot Act o alguno más. Esos que echaba de menos mi amigo Isaac.
Clásicos como Alive, Black, Daughter y Given to fly resonaron con una fuerza renovada, y la voz rasgada de Vedder, cargada de emoción, se enfrentó valientemente a las ráfagas de viento que por momentos distorsionaban el sonido. El guitarrista Mike McCready se lució -como lucía tatuajes por doquier- y el bajista Jeff Ament demostraron una vez más su virtuosismo, mientras que Stone Gossard y el baterista Matt Cameron -con sus pintas de catedrático de Antropología- mantuvieron una sección rítmica impecable.
Los amigos de Bardem
Hubo referencias a amigos, como Javier Bardem -todos son amigos de Bardem- o Miguel Ríos. En este último caso más que en el primero, se ganó al público, que no entendía muy bien de dónde venía aquello… También citó a la hija del músico granadino, Lúa, que seguramente no se ha visto en otra igual.
Eddie Vedder se empeñó en leer un puñado de hojas en castellano para referirse a sus buenos amigos, los músicos que pisaban el escenario, también para referirse a Ríos diciendo que “no puede haber un mejor hombre”, antes de cantar Better man.
Faltaron canciones, sobraron otras. Pero ver un concierto de Pearl Jam merece la pena siempre. Sin duda. No te lo pierdas si alguna vez tienes oportunidad.
Keane: El regreso triunfal de los maestros del piano rock
Keane, la banda británica que se catapultó a la fama en 2004, tras publicar Hopes and fears –disco que ha reeditado este año, en su vigésimo aniversario-, hizo su aparición en el escenario “Region of Madrid” con el lirismo que siempre los ha caracterizado. Un atlético Tom Chaplin parecía realmente sorprendido por la cantidad de gente presente, entre la que podías ver a niños y mayores. Entendiendo por mayores la gente que aterrizamos en este mundo en los 70.
Su canción más emblemática, himno de mucha gente y diferentes generaciones, Somewhere only we know, fue la nota de corte para salir corriendo hacia el otro escenario, donde posteriormente tocaría Pearl Jam. Dicho lo cual, quedó claro que Keane no habían perdido ni un ápice de su magnetismo.
El setlist, que abarcó desde los himnos más conocidos hasta temas de sus más recientes trabajo, fue recibido con bastante entusiasmo. La voz de Chaplin, clara y potente, se alzó por encima del incesante viento que azotaba el recinto, demostrando su habilidad para conectar emocionalmente con la audiencia. Tim Rice-Oxley, a cargo del piano, brindó esa base melódica que es el sello distintivo de Keane, mientras que Richard Hughes en la batería y Jesse Quin en el bajo aportaron una sólida estructura rítmica.
Michael Kiwanuka: La profundidad del soul moderno
En una jornada marcada por el rock, Michael Kiwanuka ofreció un respiro de profundidad y calidez con su soul contemporáneo. Su actuación fue un oasis de introspección, con temas como Cold little heart y Love & hate que resonaron con una honestidad y vulnerabilidad conmovedoras.
Kiwanuka, con su voz rica y expresiva, logró crear una atmósfera íntima a pesar de las dificultades acústicas causadas por el viento. Su banda, perfectamente sincronizada, añadió capas de complejidad a cada canción, haciendo de su actuación una experiencia rica en matices y emociones.
El efecto del viento: Un desafío superado
El viento, protagonista inesperado de la jornada, presentó un reto significativo para todos los artistas, afectando ocasionalmente la calidad del sonido. Sin embargo, la organización del festival y los ingenieros de sonido trabajaron incansablemente para paliar su impacto, permitiendo que los músicos pudieran ofrecer lo mejor de sí mismos.
Diegui, lo necesitábamos.
Un gran Madcool 2024, sí señor. Este año, sí.








Más historias
Phoebe Bridgers anuncia su esperado tercer álbum
PJ Harvey estrena ‘Voyager’, inspirada en la sonda de la NASA
blink 182 girarán por Europa en junio de 2027