Con «No One Was Driving The Car«, uno de los 50 mejores discos de 2025 según Binaural.es (merecidísimo puesto 17), La Dispute vuelve a meter el dedo en la llaga de un mundo cada vez más roto, acelerado y extrañamente vacío. Ansiedad colectiva, desconexión emocional, cerebros fritos por pantallas y esa sensación constante de intentar encontrar algo real entre tanta locura. Aprovechando su reciente paso por España (sold out en Madrid el 20 de junio, y Barcelona el día después) hablamos con su líder y vocalista, Jordan Dreyer, sobre el desgaste emocional del presente, la necesidad de construir comunidad cuando todo parece empujarte hacia el aislamiento y cómo la música sigue funcionando como uno de los pocos lugares donde todavía se puede sentir algo auténtico.
“No One Was Driving The Car» se siente increíblemente actual. ¿Cuánto influyó el estado del mundo en el disco?
Muchísimo. Creo que todos nuestros discos terminan absorbiendo, de una forma u otra, el mundo que tenemos alrededor, pero este nació directamente de ahí. Veníamos de cerrar una gira y de repente llegó la pandemia. Demasiado tiempo para pensar, observar y ver cómo todo —a nivel personal y colectivo— parecía desmoronarse un poco más cada día. Y sinceramente, era imposible mirar hacia otro lado.
Por eso creo que el disco sigue sintiéndose tan actual: porque esa incertidumbre de la que habla sigue completamente presente.
Tenemos más herramientas que nunca para conectar, pero cada vez nos sentimos más solos. ¿En qué momento nos perdimos un poco a nosotros mismos como seres humanos?
No me gusta hablar como si tuviera respuestas universales para todo el mundo, pero sí creo que vivimos una época rarísima. Estamos constantemente bombardeados por estímulos, publicidad, tecnología, presión por producir, consumir, seguir avanzando… y al final todo eso acaba alejándonos no solo de los demás, sino también de nosotros mismos.
Es curioso, porque nunca habíamos tenido tantas formas de conectar y, aun así, mucha gente se siente completamente aislada. Pero también noto algo positivo dentro de todo eso: una necesidad muy real de volver a construir comunidad. Lo veo en la música, en conciertos, en gente buscando espacios donde sentirse parte de algo y compartir experiencias que todavía se sientan humanas.
Entre las emociones humanas y toda esta maquinaria moderna (tecnología, capitalismo, rutina), ¿quién dirías que va ganando ahora mismo?
Ahora mismo siento que, en el fondo, estamos perdiendo todos un poco. Vivimos con la sensación de que controlamos nuestras vidas, pero gran parte de ese control realmente está en manos de muy poca gente. Lo ves en la desigualdad, en cómo funciona el sistema, en la dificultad para acceder incluso a cosas básicas. Hay como una ilusión constante de libertad mientras todo está cada vez más condicionado.
Pero al mismo tiempo también noto pequeñas grietas esperanzadoras dentro de todo eso. Gente intentando desconectar del móvil, salir más afuera, leer, crear cosas, conectar de verdad entre ellos. Quiero pensar que todavía estamos a tiempo de recuperar parte de lo que hemos ido perdiendo por el camino.
La música de La Dispute siempre ha tenido una carga emocional muy bestia. ¿Crees que hoy seguimos necesitando esa intensidad para sentir algo real?
Sí, completamente. Creo que géneros como el punk, el screamo o la música extrema siguen funcionando como uno de los pocos lugares donde mucha gente puede sacar emociones que normalmente reprime en su día a día.
Para mí, tanto hacer música como ir a conciertos siempre ha sido una forma de catarsis. Vivimos rodeados de ansiedad, frustración y una sensación constante de agotamiento emocional, pero casi nunca tenemos espacios reales para enfrentarnos a eso. Y ahí es donde un concierto se presenta como el espacio ideal: de repente estás en una sala llena de gente sintiendo exactamente las mismas cosas que tú y entiendes que quizá no estás tan solo como pensabas.
Después de tantos años, ¿cómo se consigue evolucionar sin dejar de sonar a La Dispute?
Creo que la clave es que nunca hemos hecho música pensando en otra cosa que no fuera disfrutar creando juntos. Eso sigue intacto.
Nunca hemos ido detrás de tendencias ni hemos intentado convertirnos en algo que no somos. Simplemente seguimos aquello que nos nace de forma natural. Y aunque somos cinco personas completamente distintas, después de tantos años existe una especie de intuición colectiva que hace que sepamos cuándo algo encaja dentro de La Dispute y cuándo no. No es algo que pensemos demasiado; simplemente lo sentimos.
¿Ha cambiado tu relación con la vulnerabilidad con el paso de los años?
Sí, absolutamente. Cuando éramos más jóvenes, escribir canciones era casi una necesidad física. Una forma de sacar cosas de dentro para no acabar explotando emocionalmente.
Ahora sigue habiendo vulnerabilidad, claro, pero la vivo desde otro lugar. El proceso se ha vuelto más reflexivo, más ligado al oficio y a la construcción de una canción. Muchas veces estoy tan metido en encontrar las palabras exactas o en cómo tiene que sonar una parte vocal que no termino de conectar del todo con lo que estoy diciendo hasta que llega el momento de grabarlo. Y ahí sí: de repente escuchas la canción terminada y piensas ‘hostia, acabo de hablar de algo realmente importante y ni siquiera me había dado cuenta mientras lo escribía‘.

En directo transmites una sensación increíble, muy imprevisible, casi caótica a veces. ¿Cuánto hay de instinto sobre el escenario?
Prácticamente todo. Obviamente, después de tocar las canciones noche tras noche acabas entrando en ciertas dinámicas casi automáticas, pero al mismo tiempo cada concierto cambia completamente dependiendo de la energía de la sala.
Para mí actuar en directo siempre ha sido más una conversación que una simple actuación. Lo realmente emocionante pasa cuando conectas con la gente que tienes delante y empiezas a reaccionar a lo que ocurre en tiempo real. Por eso nunca hay dos conciertos iguales: al final acabas alimentándote constantemente de la energía que te devuelve el público.
Volvéis a España este junio. ¿Qué esperáis encontrar aquí?
Creo que tenemos una especie de deuda pendiente con España. Hemos tocado muy poco allí durante todos estos años y, además, varios conciertos acabaron cayéndose por la pandemia justo cuando íbamos a volver.
Mientras tanto, hemos visto a muchísima gente viajar desde España a otros países para vernos en directo. Así que sí, siento que estos conciertos van a tener algo especial. Hay una energía distinta cuando llevas tanto tiempo sin encontrarte con un público que realmente ha estado esperando ese momento.

Más historias
Fontaines D.C anuncian nueva fecha en Cádiz
The Strokes han estado en Tenerife… ¿para grabar un nuevo videoclip con Walton Goggins?
Ezra Collective anuncian nuevo álbum y estrenan ‘Only Love’ con Pa Salieu