Un total de 12.800 asistentes soplan velas junto al grupo de Cornellá, en la celebración de su cuarto de siglo sobre los tablaos
Hoy toca analizar el concierto de Estopa en Músicos en la Naturaleza.
¡Ahí vamos!
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Normalidad
Lo llaman empatía, campechanía, ser… ¡normaaal!
Cuando yo insisto en aquello de que vende más una imagen de alguien corriente que la de un tipo encorbatado, lo digo por algo.
No he hecho ningún experimento empírico, no me he subido a la física cuántica, ni a los flashbacks, como hicieron anoche los hermanos Muñoz, AKA Estopa, para celebrar 25 años de carrera junto a los asistentes a la cita anual con Gredos.
Pero lo sé, lo sabemos.
Ellos, que hicieron bromas con la botellita de agua sobre los contagios del coronavirus, han podido mantener la nueva normalidad en la que aterrizaron tras el arrollador éxito de su primer disco, publicado el 18 de octubre de 1999.
A David y Jose Muñoz, los hermanos cantantes más famosos del último cuarto en España, pudimos verlos, por fin, en el escenario de la 17 edición de Músicos en la Naturaleza, en la Finca del Mesegosillo, en Hoyos del Espino, en Ávila.
Casi lleno, excelente organización, un año más
No daba un duro nadie por un casi lleno como el que registró en esa era en mitad del campo, después del pinchazo del año pasado, cuando el cartel lo encabezaba Melendi.
Pero tal como apuntaban las autoridades, los shows de la gira de Estopa en Madrid y Barcelona impulsaron el arreón final en la venta de tickets para asistir a la zona sur de Ávila.
Chapó, por cierto, un año más a la organización de aparcamientos, bien los precios en el exterior del recinto, y baños dentro del recinto quizás un poco alejados teniendo en cuenta la magnitud del festival (no excesivamente grande).
Camisetas oficiales a 10 euros.
A las 9,35 horas de hoy domingo, todo ya recogido y limpio, a falta sólo del escenario.
Poco más que añadir, señoría.

El festival de Gredos es otra liga, y hay que decirlo. Para bien.
En total, 12.800 personas según la organización se dio cita en Hoyos del Espino, donde había desplegado un amplio operativo que dio respuesta con creces a lo que requería el certamen, que arrancó con Kiko Veneno, tuvo como colofón central -así podríamos definirlo- a Estopa, y acabó con la actuación de Muchachito Bombo Infierno.
Un trío de bandas con origen catalán –Kiko Veneno también nació en la provincia de Barcelona- que llevó el ritmo a la montaña, y, por qué no decirlo, no pocos gramos de alegría al ambiente.
Músicos… en la naturaleza
Nos habían dicho que íbamos a la naturaleza, pero no tanto… bromeaba David Muñoz, apenas unos minutos después de las 22 horas, cuando arrancaron su actuación tras surcar el escenario una señal de STOP con una E y una A agregadas con espray.

Los temas con los que empezaron la singladura fueron Tu Calorro y Cacho a cacho, dos de los éxitos contenidos en aquel primer disco, Estopa, con el que vendieron más de un millón de copias, y que les permitió dejar la fábrica de SEAT en Martorell, donde, como reconocía el propio cantante, las quemaduras que se hacía en la cadena de montaje le consumían.
De aquello han pasado 25 años, y quedó patente entre un público, heterogéneo a más no poder.
Me he encontrado un oso que nos ha saludado, bromeaban los hermanos, que aunque sólo sea por eso, por su condición de parientes y haber estado tanto tiempo aguantándose, tienen doble mérito. Buen rollo, abrazos entre ellos.
Hay parientes que no se ven en años, y muestran mucha menos efusividad al verse que cada noche sobre las tablas los Muñoz.

Familia y amigos, presentes
Ellos, por cierto, tuvieron visitas cercanas dado que una pequeña delegación de vecinos del pueblo pacense del que proceden sus padres, Zarza-Capilla, se acercó hasta Gredos para estar junto al lateral izquierdo del escenario y corear los 24 temas que pusieron sobre la mesa.
Entre ellos, el padre de los artistas.
En pantalla, de fondo, imágenes de barriada, referencias a su lugar de origen, Cornellá, y un andamio de obra que cae de manera estrepitosa por el empuje, marcha atrás, de una hormigonera. El cuadro costumbrista de cualquier ciudad sea o no año de elecciones, ¿verdad?
Público heterogéneo
En Gredos hubo mucho mayor de 45 años, pero también fieles más jóvenes, a pesar de situarse en una franja de edad absolutamente abducida por el reguetón.
En la mayoría de los casos, además, absolutamente entregados al recital, coreando hasta desgañitarse los temas, y bailando poseídos por ese veneno de la rumba que un día inyectó a los músicos precisamente su padre.
También hubo niños.
Alguno sobre el sufrido hombro de su padre.
Múltiples procedencias. Delante de nosotros teníamos a tres chicas con la bandera de La Rioja, la de Extremadura también ondeó; si bien, el campo segado tuvo como moradores principales sobre todo a madrileños, castellanos y leoneses y extremeños. El viaje mereció la pena. También para los del outfit festivalero. Y ya no te cuento para los de la despedida que animaban a los de Protección Civil, mientras estos ordenaban el tráfico en los aledaños de Hoyos del Espino. Las risas no faltaron tampoco.
De tu rumba soy el dueño
Tenemos un bollo que te cagas, así que vamos a triunfar, decía el mayor de los Estopa en el vídeo conmemorativo previo a los bises, que ha acompañado a la gira por el 25 aniversario de su éxito. Cierto, lo han hecho.
A base de empeño y tesón.
Con una banda como la que ayer conformaban otros siete músicos y la cantaora Chonchi Heredia, otra garantía de éxito en el tour que les ha llevado por buena parte de la geografía española.
De manera que los cambios de tiempo, esa rumba que iba acompañada por guitarra española -aunque durante toda la noche se escuchó bastante más (al menos desde las filas delanteras) la fender stratocaster de los músicos que portaban las eléctricas, y mostraban un estilo muy a lo Tom Morello-.
También hubo tramos, por ejemplo, en el inicio del bolo de los Estopa, donde se escuchaba con mayor fuerza al público cantante que a los hermanos Muñoz. Por algo sería…
Hasta el globo
En torno a las 22:24 llegaba el comentario en torno al globo aerostático que, año tras año, ha arropado a la edición de Músicos en la Naturaleza.
Realmente, parecía que costaba hincharlo, para que al poco tiempo de quedar erguido perdiera toda su compostura.

A esa primera fase se refirió David Muñoz, quien bromeó asegurando estar pendiente del mismo. No quiero imbuiros con mis paridas, afirmaba.
Y llegó El run run, interpretado junto a Chonchi Heredia, quien hace los coros de la gira, pero con un talento que ayer pudo verse, por ejemplo, al interpretar con maestría este tema que en su día cantaran Estopa y Rosario Flores.
Imagen, sonido y buenos alimentos
El escenario dispuesto en Hoyos del Espino, además, tenía componente adaptativo en lo referido a la parte audiovisual de los podios donde se colocaban los músicos.
Última generación visual para un lugar que tuvo también en los puestos de bebida y de comida, los foodtracks, parada obligatoria para no pocos festivaleros.
Hay que recordar que en las primeras ediciones del certamen hubo formaciones políticas y asociaciones que pusieron el grito en el suelo por la organización del festival en Gredos.
Músicos en la Naturaleza constituye una inyección económica para no pocos negocios de la zona.
Ayer, por cierto, teníamos delante de nosotros a varios con la chapa militante y no precisamente de extrema derecha. Más bien, al contrario… Eso también es heterogeneidad y reconocer el error.
Un rinconcito de Cornellá
Para los seguidores del dúo no diré nada nuevo, pero que un grupo o un solista dediquen a su tierra un disco, no es lo habitual: Allenrock, Cornellá al revés, disco que publicaron los Estopa en 2008 es una muestra de ello.
Pues bien, en Gredos -como en el resto de su gira- rescataron un trocito de muro de su barrio en la localidad barcelonesa para tomar una cerveza.

Con el meñique estirado.
Porque eres un marqués, bromea Jose. Vamos, Jose.
Suenan Hemicraneal (la guitarra clásica no se escucha), Sola -una de sus últimas composiciones- y Ya no me acuerdo.
La máquina de las palancas
Uno de los puntos álgidos del show, cuando los hermanos Muñoz sacaban a escena su máquina verbenizadora, con varias palancas peticionarias.

Entre ellas, aunque fue en último lugar, la de acabar con las guerras.
Como en las preguntas que a algunos nos hacían en el cole hace décadas.
Eh, jovencitos que leáis la crónica…
Sabed que un cuarto de siglo, que es lo que celebran los Estopa pasa en un santiamén.
Las palancas se activaron.
Jose mesaba su coleta, que en ocasiones parecía ser un cable de sonido.
A la mierda los racistas, los xenófobos, homófobos y clasistas, proclamaba David Muñoz, recibiendo el aplauso general, para añadir después: Quiero que vuelva el Pro Evolution (Soccer) -juego de fútbol con el que creció toda una generación-.
Y que quien quiera tener hijos de todos vosotros, pues los tenga, proclamaba.
A los hermanísimos se los ve en su salsa, contentos.
Tanto que a David se le va la letra de Partiendo la pana. Lo salva con maestría.
Antes sonarán Por la Raja de tu falda, Poquito a poco o El del medio de Los Chichos, otros hits de su primer álbum.
El Seat Panda
El atrezzo no está elegido al azar.
Ni mucho menos.
Por allí se pasea un SEAT Panda rojo, no es un Ford Fiesta blanco.
Y ellos tampoco llevan jersey amarillo.
Aún no ha empezado a refrescar en Gredos. Lo hará una hora después.
Al techo del pequeño vehículo, que llevan hasta el escenario, se sube Jose.

Luego David.
Sigue el concierto sin heridos de consideración.
De hecho, de ninguna consideración.
No se pueden hacer más referencias a los orígenes de esos dos hermanos, haciendo suyo ese dicho popular que se asienta en no olvidar las raíces, de dónde venimos, para mirar al frente.
A uno se le ocurre aquello de que la constancia y el creer en uno mismo tiene premio.
Más que muchos libros de autoayuda juntos.
El batería, Anye Bao, por cierto, lleva una camiseta de Tool. Minutos más tarde, tras Fuente de energía, hará un solo que hace retumbar todo el valle sobre el que nos encontramos.

Antes de los bises
Casi acabamos. Y un 25 compuesto por múltiples imágenes de la carrera de Estopa se proyecta en pantalla, seguido de imágenes del cuarto de siglo que ha transcurrido, donde también se palpa la evolución física de los artistas. Y llega la traca final.
Suenan en los bises Vino tinto, Ojitos rojos, Me quedaré y Como Camaron.
En esta última Chonchi Heredia recita los versos de Luzia, canción de Paco de Lucía, para regocijo del público asistente.

El reloj marca las 22:13 horas y la banda al completo recibe el aplauso del público presente. La comunión entre banda y presentes está fuera de toda duda.
Esto es…

Nota
7,8/10
Más rumba para el bocadillo
El cartel de esta edición de Músicos en la Naturaleza lo componen, además de Estopa, Kiko Veneno y Muchachito Bombo Infierno. Entre todos ellos sonará una pegadiza canción sobre el 112 de Castilla y León. Flipo. Increíble. Pero la realidad es que cumple su función… La ayuda está en camino.
El flamenco-pop del gaditano nacido en Barcelona, Kiko Veneno, cuyo DNI asegura que tiene 72 años, le convierte -lo pienso de veras- en un súperheroe musical.
Que siga al pie del cañón tras sobrevivir a toda aquella movida -más allá de la madrileña, como la que fue su papel en La Bola de Cristal en los 80- le otorgan la condición de reverendo del pop español.

Kiko es puro oficio y, durante una hora, ofrece una parte de su repertorio a una audiencia claramente concitada allí para ver a Estopa, pero que acaba cantando a todo pulmón clásicos como Echo de menos o Memphis Blues, que Veneno dedica a Bob Dylan, que tocó por aquí hace unos años, ¿no?
Por supuesto, lo hacen los más jóvenes cuando suena Los tontos, la colaboración que brindó a C Tangana, otro que también actuó hace un tiempo en Gredos.
Finaliza ese breve recital con Joselito. Una madre y su hija se abrazan para cantarla.
Ellas sí parecen haber venido a ver al autor de Échate un cantecito.
También tuvo tiempo para compartir escenario con quien cerraría la gala, Muchachito Bombo Infierno.
El hombre orquesta ataca de nuevo
Hace un par de fines de semana aterrizábamos en el Gozo Festival de Santiago de Compostela. Allí un tal Ed Sheeran se ganaba al público él solito.
Con otras técnicas, quizás más electrónicas y depuradas que Muchachito Bombo Infierno anoche en Gredos.

Sin embargo, el artista catalán desplegó no poca magia con su combo guitarra-percusión, y junto a una banda compacta y sólida.
Junto a ellos dio vida a algunos de sus temas más conocidos, como esa versión de La quiero a morir de Francis Cabrel, o Qué puede salir mal, Siempre que quiera -con estas dos cerró el Festival-, además de Caraguapa o Si tú si yo, si no.
En definitiva, una solvente edición del certamen, aunque desde Music and Rock seguimos apostando por una referencia internacional para este encuentro, que aunque está organizado por la Fundación Patrimonio Natural de la Junta de Castilla y León, también cuenta con respaldo privado, como el brindado en esta ocasión por Telefónica, Naturgy, Repsol, Acciona o Capital Energy, entre otras compañías.
Gracias a la organización por la acreditación de MUSIC AND ROCK, en particular a Javier Valenzuela.

Gracias a Santiago Lorenzo, por ocuparse de la parte gráfica con enorme eficacia.
© Music and Rock / Chema Sánchez /Santiago Lorenzo. Queda prohibida la reproducción total o parcial del material protegido por estos derechos de propiedad intelectual, o su uso en cualquier forma, o por cualquier medio, ya sea electrónico o mecánico




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