septiembre 19, 2026

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Interpol – This Mirror Weighs a Ton | Crítica

¿Reinventarse o morir? No todos lo han hecho y no todos han muerto, pero está claro que la fórmula de la prosperidad eterna no existe en ninguna carrera musical. La de Interpol no fue una excepción. Dos discos magnos a inicios de la década de los dosmil proyectaron a los de Paul Banks como una banda necesaria para el rock de Manhattan, y por qué no, del mundo. Llegados a ese punto, ¿cómo un grupo baja de ahí? En realidad es muy fácil hacerlo. Cuando tocas la cúspide del rascacielos, el paso del tiempo te tira para abajo; en su caso, poco a poco. Un descenso lento, tangible más bien cuando  pones en perspectiva los ocho álbumes de la banda en casi treinta años de carrera. Lo que no es tan habitual es que en esa bajada natural y acompasada, el ascensor artístico te devuelva al piso previo al cielo. Eso es lo que ocurre con “This Mirror Weighs a Ton” (el primero con Partisan Records), un trabajo que reinventa en su justa medida, lo cual tiene el doble de mérito. 

Un pasado pesado -intuyo que en ambos sentidos- marca la idiosincrasia de un disco que acompaña a un Paul Banks pensativo, atenazado, que se mira al espejo y dice, “buf, lo que ha llovido y lo que ha cambiado todo”. El reflejo que obtiene de vuelta en clave musical se plasma aquí en letras personales llevadas hasta el extremo de que en algunos casos parece entablar diálogos consigo mismo. ‘Enemy’, por ejemplo, alude a  su identidad: el enemigo es él mismo y en la propia letra asegura que “bailará sobre su tumba”. Imagino que quiere ver enterrado a ese «yo» que dudaba, del que no hay rastro en “The Mirror Weighs a Ton”. A ese no se le hubiera ocurrido abrir un disco con un tema que tiene el latir de Robert Smith y cuya batería parece sonar como si tocara debajo del agua (aportación del productor Dave Fridmann, dice Banks). Tampoco hubiera tirado tanto de piano en ‘Iron City’, instrumento ideal para relatar el drama de cómo la IA nos va deshumanizando en silencio. Y vuelvo a sacar a ‘Enemy’, que en lo musical refleja la máxima expresión de esos Interpol abiertos a un cambio que se presenta delante de sus narices.

Moderno y clásico, elegante e inquietante, claro y oscuro a más no poder. Interpol siempre ha sido eso, e Interpol sigue siendo esto. Los neoyorquinos cuelgan la lámpara de araña para las grandes citas, para que lo disfrutes, pero sin bajar la guardia. Estética minimalista disfrazada de tecnología grotesca, es justamente eso lo que trasladan en un trabajo que, en su lado más clásico, pincha con éxito la señal de las guitarras más sucias y los ritmos más galopantes (‘Sea Out Loud‘, ‘Wake Up‘). Lo mismo podemos decir de la voz de Paul Banks, uno de esos timbres de código único e intransferible, irrepetible por parte de la naturaleza humana, que reluce -con más o menos capas de producción según el tema- como elemento protagonista e identitario a lo largo de todo el álbum.

La confabulación de los 12 temas dan un relato sólido a este disco de carácter personal que escarba en los orígenes de la banda hasta llegar a Nueva York, la ciudad donde empezó todo. Y la mirada es nostálgica, con regusto a «tiempos pasados fueron mejores», pero no desde la posición de estar ante una banda perdida, muerta. Precisamente, es desde el lado opuesto: enfrente de «This Mirror Weighs a Ton» vemos a un grupo que no tiene el músculo de la creatividad atrofiado y que entiende y corresponde con los tiempos en los que vive. Un álbum que (re)conecta con el esplendor de aquella Manhattan de finales de los noventa y que siempre quedará en nuestra memoria. Larga vida a Interpol.

Marius

The Good

  • El encaje de una producción tocha y con audible impacto en el sonido de la marca Interpol.
  • Atinada línea en la que se desenvuelve, tanto a nivel conceptual como de sonido. Nada se siente ajeno a pesar de poder sonar sensiblemente distinto a lo que conocemos de Interpol.
  • El mojo de los temas. Tienen la gran virtud de persuadir sin tirar de una fórmula estrictamente guitarrera.

The Bad

  • Que este álbum haya tardado tanto en llegar.

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