junio 1, 2026

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El fondo proisraelí KKR toma el control de varios festivales españoles de música (Sónar, Resurrection Fest…)

El fondo de inversión estadounidense Kohlberg Kravis Roberts (KKR), conocido por sus siglas y su enorme influencia en sectores estratégicos como la ciberseguridad, los centros de datos o los medios de comunicación, ha ampliado en 2024 su presencia en la industria del entretenimiento, consolidándose como uno de los actores más poderosos del negocio musical internacional.

Este movimiento se materializó con la compra del grupo británico Superstruct Entertainment, una de las mayores promotoras de festivales del mundo, por un total de 1.400 millones de euros. Superstruct es responsable de organizar cerca de 80 festivales a nivel global, y controla algunos de los eventos musicales más emblemáticos que se celebran cada año en España, como el Sónar, el Viña Rock, el Resurrection Fest, el Monegros Desert Festival, el Arenal Sound o el Festival Internacional de Benicàssim (FIB).

Tal como informó el periodista Nando Cruz a principios de año, con esta operación, los mencionados festivales españoles pasan a formar parte del portafolio de KKR, que no solo diversifica sus inversiones sino que gana una posición dominante dentro del sector cultural y del ocio.

Además de sus inversiones, KKR está históricamente vinculado al lobby profracking en Estados Unidos. Sus fundadores, Henry Kravis y George Roberts, ambos de origen judío estadounidense, han tenido un papel activo en el financiamiento político. Kravis fue uno de los principales donantes de Nikki Haley en las primarias republicanas de 2024, conocida por sus posturas radicales en apoyo a Israel —incluido un polémico mensaje en un misil israelí dirigido a Gaza que decía: “acaben con ellos”.

Kravis también contribuyó con un millón de dólares a la ceremonia de investidura de Donald Trump en 2016, y ha financiado repetidamente iniciativas culturales impulsadas por el Estado de Israel. Su rol como nuevo propietario indirecto de algunos de los mayores festivales musicales en España, a través de Superstruct, ha comenzado a generar preocupación en ciertos sectores sociales y culturales por la procedencia de los fondos y los intereses que los acompañan.



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