julio 20, 2026

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Mary in the junkyard – Role Model Hermit | Crítica

La fábula, fabulosa, de Mary in the junkyard. Es una banda cuya historia es la de tantísimas otras: justo debutan en largo tratando de descubrir qué sentido tiene esto de hacer música. Supongo que para convertirse en una de las promesas del momento no sólo vale con tener una voz bonita. En el debut de este trío inglés hay mucha mística, así que vayamos a la miga que tiene este primer relato musical llamado «Role Model Hermit«, en la que un ratón blanco (véase en la portada) parece convertirse en un hilo conductor fantástico, en el sentido más literal de lo que significa fantasía. Ahí podríamos entrar a hablar de Robert Wadlow, el famoso Gigante de Illinois de 2,72 metros, que resulta que fue el tío tatarabuelo de la cantante, o en la idea de un Hagrid de los bosques que se proyecta en la album cover. Y en ambos casos estaríamos siendo precisos a la hora de comparar este trabajo en términos de envergadura musical y nostalgia. Hay que echarle imaginación.

La propia cantante Clari Freeman-Taylor desprende esa magia negra. Su voz cándida e inquebrantable es como la de tantas otras, pero hay algo en su timbre y en su forma de desenvolverse que llama la atención. Se debate entre adolescente y joven madura. Como ocurría con SOAK, esa cantante irlandesa que tanto podía tener 16 años como 26. Desde luego eso tiene un peso sobre su narrativa juvenil pero para adultos, que a ratos, en la forma, recuerda a una Adrianne Lenker salida de los bosques, y en el contenido, a unas Chastity Belt o The Last Dinner Party en plena rebelión. No lo dirías escuchando el primer tema, ‘Mantra III‘, un tiempo lento que parece ser una oda a la autoestima, pero que avanza entre dementores, violas deslavazadas y una solemnidad que invocan a la Lisa Germano o Hope Sandoval de los años noventa.

A contrapronóstico de lo que marca el ratón blanco y el ambiente negro inicial, el resto de canciones suceden a color. ‘Blood‘, ‘Seek And Destroy‘ y ‘New Muscles‘ (esta última muy PJ Harvey) traen variedad de ideas, guitarras y bajos que enlazan buenas melodías, y a una Freeman-Taylor moviéndose cómodamente en sus agudos de buena chica. Así que «Role Model Hermit» es eso, un repertorio indie variado pero previsible: cuatro temas dan sobrado para entender el tipo de disco que es. Producción intachable, buenas canciones, algún hitillo, y juventud desacomplejada para poder agarrarse a una buena proyección. Lo que lleva a hablar a fondo de él, insisto, es ese diálogo crítico abierto a la imaginación. La letra de ‘Crash Landing‘, por ejemplo, asesta contra la masculinidad tóxica: «puedo quitarte la máscara, pero solo en la oscuridad. Y tú no te quitarás los zapatos, por si tienes que correr«. ‘Welcome Break‘ hace referencia a los aspectos más duros de la vida de una banda en gira (a la vista está que su primer EP dio mucho de sí). O ‘Mouse‘, cierre del disco, que básicamente nos viene a decir que el ermitaño ha encontrado a su amigo roedor y ya no vive triste en soledad.

Conclusión: no estamos en la cabeza de Mary in the junkyard, pero que Clari afirme que «encontró a la persona que solía ser el ratón» da plenitud de sentido a un disco que, tanto en lo narrativo como en lo sonoro, busca reencarnarse en el pasado. Literal. Clari está irreconocible con esas barbas de cazador de lobos marinos, pero ya es un poco la idea de jugar con la fábula fantástica: salirse del modelo como sea y encontrar lo que buscabas a través del ejercicio creativo. La música como animal de compañía.

Marius

The Good

  • Producción y el modelo de disco. Un producto perfectamente acabado y a priori intachable sobre el papel.
  • Las canciones más sobrias son las que mejor conectan con su relato nostágico. ‘Mantra III’, ‘Crash Landing’, ‘Mouse’.
  • Lo bien que la fantasía liga el concepto del disco.

The Bad

  • Sensación temprana de previsibilidad.

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