Víctor Cabezuelo y Julia Martín-Maestro, en otras palabras, las cabezas al mando de Rufus
T. Firefly, no se cansan de encontrar nuevas maneras de expresar su amor por la música,
con ideas en muchas ocasiones totalmente opuestas al prisma de negocio. Si para su
anterior disco «El Largo Mañana» se dedicaron a interpretarlo íntegramente en directo por
distintos puntos de la geografía española con carácter previo a su lanzamiento, para su
nuevo álbum «Todas Las Cosas Buenas» han subido la apuesta, dedicándose a repetir la
misma jugada con la fundamental diferencia de incluir auriculares inalámbricos para cada
unx de lxs asistentes a estos conciertos, que además se han ido celebrando en espacios
inusuales que difieren de la típica arquitectura de un escenario (y por lo tanto de la
atmósfera que les rodea en cada lugar). No es algo que se vea con suficiente frecuencia por
estos lares ibéricos. Y lo hacen además para presentar el disco de su trayectoria en el que
más se han “desnudadx” tanto sónica- como líricamente, bañándose además en las aguas
de nuevas sonoridades. De su nuevo álbum y otras cuestiones hemos charlado con Víctor y
Julia:
Lo primero de todo, daros la enhorabuena por esta gira que estáis realizando para
presentar «Todas Las Cosas Buenas». Diría que prácticamente no he visto un caso
igual en este país, al menos en el ámbito de las músicas populares. Sin duda es algo
que puede ser más usual en territorios más audiófilos. A estas alturas del tour, ¿qué
balance podéis hacer del mismo?
VÍCTOR – El balance es súper positivo. El tour está siendo la hostia, y está superando
nuestras expectativas. Era una cosa que nos habíamos imaginado muchas veces, pero
claro, hasta que no estás ahí y ves cómo es tocar con una persona del público a mi lado …
y también los espacios en los que estamos tocando, que cada uno genera unas
sensaciones diferentes. Lo más guay para mí es que cada concierto está siendo diferente, y
se debe al espacio en el que estamos tocando: la luz que hay en cada concierto, la amplitud
del sitio ….
JULIA – Sí, también la energía de cada espacio, de la gente de cada ciudad …
VÍCTOR – Totalmente, sí. Se aprecia mucho cómo es la gente de cada ciudad en cada
concierto, también. Es muy curioso. Estamos súper felices de haber tomado esta decisión.
¿Podríais destacar algún aspecto o hecho en particular que hayáis experimentado
durante estos conciertos que haya sido algo totalmente inesperado, que no tuvierais
en mente, y que haya acabado resultando en algo (muy) positivo?
VÍCTOR – Es justo esto: cómo reacciona la gente dependiendo del sitio. No sabía cómo iba
a reaccionar la gente a un disco que no conocen. La gente ha comprado una entrada para escuchar un disco entero al que no han tenido acceso previamente, pero es que además lo
van a escuchar con cascos, y no van a poder comentar nada porque estás ahí como aislado
… Y no sabía cómo iba a reaccionar la gente a esto. Pero la verdad es que se lo ha tomado
muy bien todo el mundo. La gente sale sonriente de los conciertos, en plan, “he visto una
cosa diferente”. Más allá de que te guste más o menos el disco, es como que la experiencia
es curiosa y bonita. Y para mí está siendo muy guay. Se ha cumplido todo lo que quería y,
de hecho, me ha hecho reencontrarme con una cosa muy guay de la música de esta
emoción de no saber (…) qué nos vamos a encontrar allá dónde vayamos a tocar, cómo va
a ser el espacio (ya que no es un escenario como tal), no sabes cómo va a ser la gente,
cómo se lo van a tomar … y me gusta un montón esa incertidumbre.
Nos estamos acercando a la veintena de edad de Rufus T. Firefly. No os voy a
preguntar acerca de los Julia y Víctor del 2006, pero ¿qué pensarían los Julia y Víctor
post-Nueve o pre-Magnolia si les dijerais que ibais a girar por todo el país tocando
vuestro octavo disco antes de su lanzamiento y de una manera tan particular?
JULIA – Hubieran sido un poquillo más positivos, yo creo …
VÍCTOR – Bueno, pero creo que les hubiera molado.
JULIA – Les hubiera encantado.
VÍCTOR – Yo creo que sí.
JULIA – Creo que una cosa que está en el alma de Rufus, en Víctor y en mí, es que somos
como superluchadores: da igual lo que pase, da igual el esfuerzo que haya que hacer, o las
ganas que haya que poner … Que siempre es como “Bueno, ya está, vamos a hacerlo
porque es lo que nos apasiona y lo que nos da la vida”. Y creo que eso sigue ahí desde que
empezamos hace 20 años, y que nuestras versiones más jóvenes hubieran visto que hemos
sobrevivido, luchado y llegado a donde estamos ahora, se sentirían muy orgullosos.
VÍCTOR – Sí, sí, dirían “Esto merece la pena hacerlo”.
Recuerdo en el concierto de la gira al que yo asistí que hablaste acerca del concepto
lírico del nuevo disco, en clave de buscar lo bueno y la luz en medio de lo malo y la
oscuridad, contextualizándolo a este período con tantos eventos negativos
ocurriendo en una ventana corta de tiempo. ¿Hay espacio en «Todas Las Cosas
Buenas» para encontrar lo positivo que está escondido y/o difuso en aquello que sea
negativo a simple vista?
R- Yo creo que es el camino, de hecho. Siempre tendemos a poner el foco en lo negativo y
nunca en lo positivo. Por ejemplo, tú puedes tuitear lo feliz y contento que estás o de que te
has levantado muy a gusto esa mañana y eso no va a tener ningún tipo de repercusión. En
cambio pones un tuit de que te han tratado mal en el banco (…) y luego un coche casi te
atropella … Todo lo que sea polémico y negativo tiene mucha trascendencia hoy en día, y creo que todas las noticias van en ese camino porque generan más contenido e interacciones, y al final estamos en una vorágine de cosas negativas. Y como te metas ahí, no puedes hacer nada con tu día a día. Evidentemente, las cosas malas pasan constantemente, estamos en un momento muy extremo, duro, y violento. Pero también están pasando cosas buenas, y creo que tenemos que poner el foco en ellas y creo que tenemos que intentar agarrarnos a ellas para poder levantarnos. Y da igual lo que sea, como si de repente te apetece hacer papiroflexia y eso te emociona y te hace estar cinco horas sin mirar el teléfono … será increíble, ¿sabes? Cualquier cosa que de repente te motive a sacar algo bueno de ti.
Recuerdo también el contemplaros tocando ‘Reverso’, canción que surgió como parte
de una iniciativa para el Museo Del Prado, y que grabasteis en casa en lugar de en El
Lado Izquierdo. Me imagino que pudo considerarse un reto, con las dificultades que
conlleva, comparado con la costumbre de grabar junto a Dany y Manu [Dany Richter y
Manuel Cabezalí – ndr.], ¿no?
JULIA – Sí que ha sido un reto. De hecho, empezamos grabando ‘Reverso’, de ahí pasamos
a ‘Lumbre’ y ‘El coro del amanecer’ … Fueron las primeras canciones que grabamos en
casa: compramos algo de equipo, por supuesto, hicimos una pequeña inversión para ver
qué pasaba. Y bueno, después de haber hecho estas tres canciones, dijimos “Uf, esto
funciona”. Sí que es cierto que hay cosas que se han grabado, no en estudio, pero sí en
casa de Manuel Cabezalí (porque él nos hace la producción, y también era más cómodo
que estar en Aranjuez). Pero sí, prácticamente se ha grabado todo en casa y … Ha
merecido la pena. Pero también es verdad que al principio nos daba un poco de miedo
porque nunca habíamos grabado en casa: “¿Va a funcionar? ¿La calidad va a ser
suficiente?” …
VÍCTOR – Muchísimas pruebas también de ver cómo sonaba la batería de según qué
habitación, de dónde poner según qué micro … Un montón de palmadas, pero que al final te
hacen ir a un sitio que es más lo que tenías en tu cabeza. Cuando vas al estudio muchas
veces consigues un sonido muy correcto, pero muy estándar. Y luego eso tienes que
retorcerlo mucho en plugins y en mezcla para que suene como quieres. Y esta vez ha sido
al revés: la mezcla ha sido muy fácil y el proceso de grabación ha sido más complejo, pero
ya sonaba encaminado a lo que queríamos.
En línea con la pregunta anterior y con la broma que tenías con Cabezalí de “El disco
de Grandes Éxitos de Rufus pero con canciones nuevas”¿podría entenderse que
(esto) os permitió dejar de pensar en etiquetas o referencias estilísticas para que en
ese sentido prevaleciera únicamente vuestra propia identidad sonora, y así poder dar
rienda suelta a la polivalencia estilística que demostráis en el álbum? [Y si sí, qué hay exactamente, a qué razón se debe el eclecticismo?]. ¿Está relacionado este no-estilo concreto con la decisión de grabar el álbum en casa/fuera de ELI?
VÍCTOR – Yo creo que sí. No sé por qué ha pasado, no sé si ha sido por grabarlo nosotrxs,
pero es verdad que hemos ido hacia un lugar más profundo a nivel estilístico. Y es un poco más difícil encontrar una referencia clara ajena a Rufus en este disco. Creo que es el disco
que más suena a Rufus de entre todos los que hay. Son muy reconocibles nuestras melodías, nuestras armonías, nuestros sonidos de sintes, de batería y bajo … Creo que está todo muy marcado y a lo mejor ha sido un poco por esto de tener que sonorizarlo nosotrxs mismos. Entonces ya te pones el bombo como tú te lo imaginas en la cabeza, y tu referencia eres tú mismo, en cierto sentido. Eso está guay.
De hecho se podría decir que habéis aparcado el Delorean tras haber regresado del
futuro con los sonidos que todavía no habéis compuesto (resultando en una paradoja
curiosa). Dentro de la paleta estilística que ofrecéis en «Todas Las Cosas Buenas»,
¿cuál fue el estilo o sonido que más os ha sorprendido haber sido capaces de
desarrollar? ¿Coincide con el que pensasteis que sería el que más os costaría?
VÍCTOR – Para mí, lo que más me sorprendió de todo, sin duda, fue ‘Reverso’: cuando
escuché la mezcla de la canción, en una parte que sólo está sonando una batería, un bajo,
y una percusión, para mí eso es uno de los momentos más bonitos del disco … Pensé
“Joder, al fin lo hemos conseguido”. Para mí tiene que ver con ser minimalistas y conseguir
llegar a la emoción con muy poquitos elementos y con muy poco ruido. Porque siempre
hemos sido de mucha intensidad de capas, un montón de sintetizadores, un montón de
reverb … un montón de historias para conseguir ese sentimiento. Y ahora hemos tirado un
poco a lo contrario, de que todo suene hiperlimpito, en la cara. Por ejemplo, todas las
baterías de Jul en este disco están súper limpias. Hay efectos de distorsión, flanger y cosas
así, pero no tienen reverb, no tienen esa grandeza. Son baterías pequeñitas, pero muy en la
cara. Todo está hiperlimpio. Creo que todos los arreglos se entienden perfectamente en el
disco. Y para mí eso es lo mejor que tiene el disco y lo más guay. “Lo que más nos costó” …
No sé qué podría haber sido lo más jodido de grabar …
JULIA – Yo creo que quizás las percusiones, que han llevado mucho tiempo. Porque en las
demos había cosas hechas con plugins, con cacharros digitales, buscando cosas en el
Logic, etc … Y, de repente, había que hacerlo de forma orgánica (no con cajas de ritmos,
por ejemplo, si bien hay bastantes partes que las contienen y en ese caso sí han
correspondido). Y ahí sí que yo creo que, además, Juan [Feo, percusionista en Rufus desde
la grabación de «El Largo Mañana» – ndr.] lo pasó mal, en plan, “¿cómo hago esto, sabes?”
…
VÍCTOR – Sí, la percusión … Es verdad que hay un trabajo muy guay de percusión y
batería, de cómo se compaginan entre sí. También se ve en directo, que parecen como un
mismo elemento sonando todo el rato.
Una de las cosas que más me ha llamado la atención al escuchar el disco es vuestra
inmersión hacia los sonidos más electrónicos en tonos synthpop y electropop. Pero con lo que me acabáis de contar al respecto de ‘Reverso’ y vuestro enfoque de cara a grabar el disco, siento que la consecuencia de introducir ese tipo de sonidos de electrónica viene por rellenar los huecos que sintierais que podían faltar y que estuvieran acordes a la idea que tuvierais para el álbum. Y es en estos instantes cuando entra una persona como Javi Martín Balsa [The Low Flying Panic Attack, Ángeles Víctor Gloria & Javier – ndr.] a asistiros con la producción, ¿no?
VÍCTOR – Yo creo que también nos apetecía romper un poco la sonoridad de una banda
tocando, o mejor dicho “ampliarla”. Nos gusta mucho lo “electrónico”, pero nos gusta mucho
más la electrónica “tocada”. Incluso las cajas de ritmo que hemos usado son súper
analógicas (de tener que retorcerlas mucho para llegar con tus manos al sonido). Creo que
eso lo hemos podido mantener todo el rato y era muy importante para nosotrxs. Teníamos
en nuestra cabeza gente como APPARAT y cosas así, que siempre en los directos hacen
esa electrónica, pero hay mucha gente tocando y eso hace que esté vivo. Pero lo que sí que
nos apetecía es conseguir un poco esa sonoridad, introducirla en nuestra manera de tocar.
Y ahí pudimos contar con Javi, que es un productor de música electrónica muy guay, y que
entiende perfectamente esto de que las cosas deban ser orgánicas. Utilizó muchos samples
nuestros para conseguir esos efectos y, sobre todo, las cajas de ritmos, fue un trabajo muy
guay que hicimos juntos y que mola mucho.
¿Cómo ha surgido la involucración de Marc Sastre con la banda? Tengo entendido
que ha llegado a participar incluso en el proceso de composición de «Todas Las
Cosas Buenas»…
JULIA – La verdad es que ha sido una pieza fundamental. El disco realmente se empezó a
componer en una primera quedada de toda la banda en Cádiz (provincia) a finales de 2023.
Realizamos un retiro en casa de Manola [teclista en Rufus desde la gira de «El Largo
Mañana» – ndr.] donde montamos todo el equipo con el objetivo de hacer unas jams y ver
qué podía salir de ahí, aparte de hablar sobre qué sonido buscar, qué referencias
manejábamos, etc …, y Marc ya había sustitutido en ciertas ocasiones de la anterior gira a
nuestro guitarrista, Carlos Campos, quien justo no podía venir esas dos semanas, y le
dijimos a Marc que se viniera porque necesitamos a alguien que toque la guitarra (Víctor
estaba con los teclados). Fue muy bonito, por otra parte muy intenso, y por otra parte nada
de lo que habíamos esperado, porque pensábamos que íbamos a salir de allí con un
mogollón de demos. Y al final sí es verdad que acabamos hablando mucho, porque (…)
hasta ese momento no pudimos hablar todxs de la idea de hacer un disco. Y entonces fue
muy guay porque llegamos como a muchos sitios en común entre todxs. Al mismo tiempo sí
que hubo alguna jam de las que salen muchos de los arreglos que hizo Marc, por lo que al
momento de grabar el disco del año pasado le dijimos que se viniera a grabar. Y en
‘Lumbre’ hay uno de los solos más guapos de todo el disco (y que me flipa) que no lo puede
tocar nadie del grupo (…). Es muy guay porque es una persona que suma. De hecho,
estamos pensando ahora en tener otra persona más en la banda y que sea él (…). Y yo creo
que a nosotros nos pasa mucho que no somos músicxs al uso: yo me pongo una partitura y
bueno, pues te la sé leer, pero a lo mejor si es algo muy complejo o algo que sale de mi
zona de confort, pues a lo mejor me tengo que poner a estudiar mucho y no lo llego a hacer
nunca. Tenemos como nuestra personalidad cada uno. Y creo que Marc tiene más destreza
en ese sentido.
VÍCTOR – Sí, mola mucho, la verdad es que ha subido el nivel bastante.
En otras entrevistas habéis comentado vuestra intención de no solo lanzar en formato físico vuestro material más antiguo, sino también la posibilidad de regrabarlo. ¿En ese caso, mantendríais la esencia sonora de antaño o la reimaginaríais a estos nuevos sonidos que se han empezado a manifestar en «Todas Las Cosas Buenas», por ejemplo?
VÍCTOR – Yo creo que en el caso de volver a grabar algo, que a mí es una idea que me
mola, intentaría conservar lo que hay pero haciéndolo sonar mucho mejor. Ese sería un
poco mi objetivo. Intentaría cantar mejor y con más seguridad. Creo que hemos aprendido
mucho desde aquellos discos, y para mí sería coger la canción y tocarla como sabemos
tocar ahora. Ahí habría una mezcla de todo: de la fuerza y el rock de aquellos discos con
nuestra técnica actual, que es un poco más elaborada. Creo que podrían sonar muy gua
esas canciones. De todas formas, sería algo como anecdótico para mí grabar todo aquello.
JULIA – Creo que me estoy acordando de la conversación que tuvimos con Julio [Ruiz –
ndr.] de decirle “Sería increíble regrabar algunos de los primeros discos”.

Volviendo un momento a lo que supuso el plantear la grabación de este disco, y por
comentarios vuestrxs en otras entrevistas sobre cierta presión “externa” que hubo a
la hora de grabar «El Largo Mañana» tras el éxito que fue «Magnolia / Loto».
¿Entonces os permitió bloquear esas expectativas externas todo el proceso de
grabación de «Todas Las Cosas Buenas»? ¿O pensabais en otro tipo de influencia
externa similar que os pudiera condicionar durante el proceso?
VÍCTOR – Esta vez no ha habido nada que nos haya condicionado más allá de yo tener muy
claro que quería que este disco sonara muy bien. Y quería que el sonido del disco fuera
muy amable: No quería estridencias, suciedad, no quería lofi en este disco para nada.
Quería que fuera un disco en el que el espectro sonoro estuviera muy abierto y que se
entendieran mucho los subgraves y también el brillito del hifi … Más allá de eso, no ha
habido muchísimas limitaciones. Siempre intentamos ser muy críticos con todo lo que
hacemos, y también tenemos a Manu, que él también nos ayuda a mantener ahí un nivel de
calidad. Pero no ha habido ninguna otra limitación. Creo que esto que nos pasó tras
«Magnolia» de “Ahora tenemos el foco, tenemos que estar a la altura …” no nos ha pasado
en este caso, eso ya lo superamos de alguna manera. También vimos que han pasado ya
casi ocho años desde «Magnolia», y han pasado muchas cosas en todo este tiempo, y el
grupo ha cambiado muchísimo y ya no somos la gente que éramos hace ocho años. Ni
tampoco creo que la gente espere eso de nosotros. Entonces ya no teníamos esa presión.
Yo siempre pienso que tenemos mucha suerte (imagino que es algo que hemos ido
trabajando con el paso de los años), creo que tenemos la suerte de que la gente espera que
cambiemos, que es lo contrario que le pasa a cualquier grupo. Normalmente, con cualquier
banda la gente espera que hagan lo mismo a lo que les ha emocionado. Y en nuestro caso
es al revés, es como “A ver qué van a hacer los Rufus …” Y hay como una expectación
especial cada vez que vamos a sacar alguna canción o algún disco, de “A ver por dónde han querido tirar, a ver qué se les ha ocurrido esta vez …”, porque saben que de alguna
manera no va a ser lo mismo. Y eso lo seguimos sintiendo y es una de las cosas más guays
que creo que puede sentir un músico, esa expectación.
Quería preguntar por el artwork realizado para esta etapa (álbum, singles, etc). Mi
percepción es que las portadas siempre han sido un gran reflejo (o spoiler) de lo que
nos íbamos a encontrar en cada álbum. Y se vuelve a repetir en esta ocasión. ¿Hubo
mucho proceso de pensamiento sobre cómo plasmar visualmente lo que queréis
decir tanto sonora- como líricamente en el disco?
JULIA – Sí, siempre intentamos cuidar mucho la imagen (también) de los diseños de los
discos. Cuando hicimos el diseño de «El Largo Mañana», yo ya hablé con Víctor y le dije
“Me molaría mucho hacer algo con foto”, porque una de las cosas con las que yo he estado
trabajando pictóricamente siempre ha sido la transferencia fotográfica. Pero es verdad que
en ese disco, por como fue en pandemia, no nos podíamos ver (…), y todo era un poco más
complicado. Y para este disco sí que insistí en hacer artwork con foto. De la mayoría de mis
discos favoritos, la foto forma parte del artwork. Y entonces, hablando con Víctor, él me
decía “A mí me mola mucho la foto, pero es que una foto al uso (de la banda, de un paisaje)
… no sé. ¿Cómo podemos hacer para mezclar la foto y una pintura o algo más plástico?”
Entonces yo le comenté sobre la transferencia fotográfica, y todo el artwork del disco han
acabado siendo transferencias fotográficas sobre fondos de color en acrílico, con la imagen
fotográfica trabajada previamente en Photoshop. Hay un trabajo de proceso creativo desde
que se hace la foto hasta que se acaba haciendo la transferencia fotográfica en el lienzo. Y
bueno … pues sí, como siempre, pues intentamos cuidar mucho el artwork, la imagen de los
diseños. Y en este caso también ha sido así. De hecho, no vamos a sacar CD, solo va a
haber vinilo: es una edición de dos vinilos, llevábamos bastantes años queriendo hacer un
lenticular, el cual va a haber para el diseño de este disco. Estamos muy contentos también
con el haber tomado esas decisiones, y por fin haber conseguido poder meter ahí algo que
llevamos tiempo queriendo hacer.
En relación precisamente a lo que acabas de comentar sobre la transferencia
fotográfica, me llama la atención cómo destacan los contornos nítidos (que se deben
a la fotos precisamente) en contraposición a la variedad cromática. ¿Es un reflejo,
respectivamente, de las letras más “directas” que nos podemos encontrar en esta
ocasión y de la ya mencionada variedad estilística?
VÍCTOR – Sí, había una necesidad de accesibilidad que yo quería que estuviera muy
presente. Quería que todas las letras de este disco se entendieran. En algunas canciones
no lo he conseguido [risas], pero en general sí. Quería que fueran muy directas y que
tuvieran un lenguaje mucho más coloquial, mucho más humano. Y creo que todo eso se ha
conseguido plasmar en el disco, y es algo que me emociona. Y creo que a la gente que lo
está escuchando pues le están llegando, en este sentido. De hecho, creo que las mejores
letras que he escrito están en este disco, porque he conseguido decir cosas muy profundas
de una manera sencilla, que creo que es un poco la clave de todo. En la poesía, para mí los grandes poetas son los que con cuatro frases muy sencillas te describen algo muy profundo
y muy intenso. Entonces, en ese sentido sí, y tiene que ver con lo de las fotos también. Que
no sea una masa que no se sabe muy bien lo que quiere decir, que te puedas imaginar
muchas cosas y es muy bonito …, y que en su lugar aparezca ahí un coche, aparezca un
árbol, aparezca una guitarra, no sé … Me gusta cualquiera de las cosas que hemos ido
haciendo, me parece que sitúa este disco en un lugar más terrenal.
JULIA – Yo creo que también hay una cosa que a mí me ha sorprendido cuando hemos
acabado de hacer todo el diseño: tiene algo muy psicodélico, pero no es un caos al estilo de
lo que ocurría en «Magnolia» y «Loto»; ahí sí que buscaba algo, pero al final llegaba a una
imagen que decías “… Aquí puede haber mil cosas”. Aquí sí es verdad que es exactamente
lo que ves, pero tiene un punto muy luminoso que a mí me transmitió mucho la psicodelia,
de libertad … y bueno, va por ahí.
VÍCTOR – Digamos que en «Magnolia» estabas “entrando en el sueño” y en «Todas Las
Cosas Buenas» estás “despertando del sueño”.
JULIA – Sí, un poco sí [risas].
En ‘Ceci N’est Pas Une Pipe’ nos encontramos a Julia como vocalista principal. ¿Es la
primera vez que desempeñas dicho papel en Rufus?
JULIA – Sí, he hecho algún coro en algún disco anterior, pero sí, como estar yo sola ahí, sí.
Bueno, ahora que caigo también en la versión de ‘Tengo una pistola’, en «Grunge». A ver …
Para mí ha sido un reto porque … Yo me dedico a tocar la batería y me mola estar ahí en
mis rollos, sin tener que mirar al público, y que al final no tengo como esa presión … Y, de
repente, es como “Venga, salte ahí fuera con el micro”. De hecho, los primeros bolos me
decía Víctor “Tienes que mirar a la gente” [risas], y es que me a mí me da muchísimo palo,
me da mucha vergüenza. Y, entonces ha sido y está siendo un reto. También estoy
aprendiendo mucho de mí misma. Es una canción que he compuesto que viene de un
momento muy duro de mi vida, pero es muy bonito también enseñarle a la gente, de dónde
viene. Y como siempre, Víctor y la gente que tengo a mi alrededor me ayudan mucho a
afrontar todos esos miedos. Y bueno, está siendo muy bonita enseñarsela al público y cómo
la está recibiendo la gente, es algo que me está sorprendiendo un montón.
VÍCTOR – Tengo que decir que hay otra canción que canta Jul en el disco, lo que pasa es
que no estará en la edición digital, pero es la versión de El Último De La Fila, de ‘Canta por
mí’.
Y para terminar, en ‘Trueno azul’ decís “Hice tanto por el indie, el indie no hizo nada
por mí”.
JULIA – [Mirando a Víctor – ndr.] La has liado con eso, ¿eh?.
VÍCTOR – Sí, la he liado un poquito [risas].
¿Qué os gustaría que hubiera hecho por vosotrxs el indie patrio?
VÍCTOR – Bueno pues esto es muy sencillo [risas]. Hubo un periodo en Rufus que tuvimos
muchísimo hype, éramos como los Alcalá Norte de 2017, cuando sacamos «Magnolia».
Todo el mundo quería que tocáramos en su festival, todo el mundo quería venir a vernos. Y
en esa época en la que estábamos totalmente en efervescencia y teníamos tantísimas
ganas de tocar (porque veníamos de la nada absoluta), hicimos conciertos y festivales por
600€, tocamos en macrofestivales por 1200€ … ese tipo de cosas. Y lo haces, primero
porque tienes muchísimas ganas de tocar, es lo que siempre has querido y al fin puedes. Y
por otro lado también pensando a futuro: lo estábamos haciendo por poco dinero, y
esperábamos que desde la promotora/festival lo apreciaran, y así más adelante que nos
volvieran a contratar, esta vez cobrando más dinero, acorde a lo que debería una
remuneración justa … Y eso nunca pasó en muchos casos. Entonces van un poco por ahí
los tiros, porque me llegué a sentir como mercancía: “Si puedo pagar poco por esta
mercancía lo hago, y si luego tengo que pagar más pues igual no me apetece”. Y para mí
todo debía ser todo muchísimo más “humano” (…). Y ahora te das cuenta que tocaste en
sitios en los que eras un reclamo importante del cartel, pero a cambio de una mierda de
dinero, que había más gente viéndote a ti que en el escenario principal … Ese tipo de
cosas. Y luego no acaba viniendo ese feedback; luego “el indie no hace nada por ti”.
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