Tras un primer y segundo discos con una muy clara identidad, Elena Nieto ha decidido
salirse del tiesto sonoro en el que ha crecido su proyecto Yawners para echar raíces en
terrenos estilísticos que, si bien a ella no le resultan extraños, pueden resultar novedosos
para su público. Con su tercer y nuevo largo «SUPERBUCLE«, la salmantina nos lleva a
través de un ciclo sónicamente heterogéneo en el que, no obstante, su esencia se mantiene
constante. Esta idea resuena con la temática que nos propone en el álbum, ya que si bien
aparentemente unx puede sentirse diferente a lxs demás, en el fondo repetimos en bucle las
mismas ideas y vivimos cíclicamente las mismas miserias, oscilando entre días geniales y
días horribles.
Ya desde la portada se intuyen los cambios que nos vamos a encontrar en este LP: una
perspectiva más alejada, y en un emplazamiento que sugiere distintas posibilidades para
contemplar una historia (la propia Elena nos ha explicado en detalle acerca del concepto de
«SUPERBUCLE»). Sónicamente, y aunque no sean una constante, estos
cambios se han desarrollado tal que la guitarra acústica toma un rol como pilar maestro
sobre el que construir muchas de las canciones del disco, con los sonidos de guitarra
eléctrica acompañando en forma de punteos accesorios con el objetivo de crear texturas (si
bien hay un par de casos en los que sucede al contrario, en reminiscencia con sus discos
previos). En este sentido, la inclusión de arreglos de producción de carácter digital o en tono
de música electrónica son especialmente notorios en comparación con su segundo disco
«Duplo» (y se explica por el trabajo de David Soler y Marcel Bagés, encargados no solo de
hacer la mezcla sino de intervenir con producción adicional con el objetivo de aplicar una
argamasa por medio de dicho idioma sonoro). Esta serie de virajes estilísticos se han
traducido en la intervención de productores como Emili Bosch y Juan Pedrayes, si bien el
grueso de la producción ha vuelto a ser realizado a dúo entre Elena y Santi García.
Por otra parte, la portada hace evidente el concepto del álbum. Sin embargo, yendo al
tracklist también se comprende esta idea: «SUPERBUCLE» comienza con ‘Un día genial’,
mientras que termina con ‘Un día horrible’. Tal y como Elena canta en esta última, “Una
historia circular en la que ya no importa si es el principio o el final, me la sé de memoria”.
Son unos versos en los que acaba desembocando la salmantina tras un proceso gradual de
introspección a lo largo del tracklist, abordando la cotidianidad y el costumbrismo con la idea
de hacer aflorar sentimientos de empatía y sororidad. Y lo consigue nutriéndose de sus
historias personales como fuente de inspiración lírica, al igual que en sus trabajos
anteriores. A ello hay que sumar su tan característico trabajo de melodías vocales. Este
conjunto se manifiesta como la esencia más evidente de su identidad que Yawners
mantiene para este álbum.
El ya mencionado inicio del álbum ‘Un día genial’ sumerge al oyente en escenarios
dream-pop y shoegaze, evocando una melancólica nostalgia noventera incluso para la
gente que sólo vivimos dicha década por medio de las canciones que surgieron por
entonces. Le sigue ‘Merienda-cena’, probablemente la más cercana a los trabajos anteriores
de Yawners en términos de su esencia instrumental, siendo además una canción que va
ganando con sucesivas escuchas. A partir de ‘El intruso’ y ‘Self-diagnose’ (siendo esta
última la única canción en inglés del álbum, al contrario de lo que sucede precisamente en
su debut «Just Calm Down»), la guitarra acústica toma el protagonismo previamente
descrito; el cuarto corte supone además el primer punto de quiebre con respecto al tono
positivo que líricamente marcan las 3 canciones previas. En ‘Dolor en el pecho’, Yawners
juega con la secuencia calma – ruido – calma mientras nos lleva con ella a sus referencias
más clásicas, particularmente Weezer y Blink-182. Le sigue ‘Las horas pasan’, la pista del
álbum con el registro más cercano a la música electrónica y en donde líricamente se
empieza a hacer evidente el carácter reflexivo que va toma nuestro itinerario a través del
“superbucle”. Con ‘1 de enero’, Yawners vuelve a abrirse paso mediante guitarrazos,
recordando por momentos a sus amigos y compañeros (/dueños) de sello Cala Vento. Tras
ello, se suceden ‘La inverosimilitud’, ‘Sálvame’ y ‘La estrella eres tú’, canciones diferentes
entre sí pero que son las que más se alejan del “Sonido Yawners” de todo el disco.
Finalmente, ‘Un día horrible’ aparece como el último punto del ciclo, y se podría decir que en
ella se manifiestan todos los palos estilísticos que han ido apareciendo a lo largo del disco.
Este hecho, junto con el mensaje lírico ya comentado, solidifica un cierre acertado en
consonancia con el concepto propuesto.
Paradójicamente, Yawners evita la posibilidad de caer en un particular “superbucle” sonoro,
pero no a base de romper su fórmula sino cambiando unas cuantas variables de la
ecuación. Quizás haya algunas canciones con las que lxs oyentes más conectadxs a sus
dos trabajos previos no encuentren lo que desean recibir en ese sentido, pero es de
agradecer que Elena Nieto no intente caer en lo fácil y, por ende, repetir mecanismos de
éxitos pasados. Igualmente, tomar estas decisiones puede corresponderse con etapas de
otros ciclos en los que estamos inconscientemente más inmersos. Porque romper unos
bucles conduce inevitablemente a mantenerse en otros, y la cuestión se reduce a cómo
convivir entre loops, y en saber entenderse a unx mismo en el proceso.
Dan Marques
Pros
- ausencia de temor a la hora de experimentar nuevas posibilidades estilísticas
- existe un buen potencial respecto a la faceta más electrónica de Yawners
Contras
- por momentos, ciertas canciones que no cuentan con Santi García a la producción prácticamente no mantienen la identidad de Yawners
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